Cuadro de honor

Algunos de los primeros adherentes y fundadores de la SEA, como nuestro querido Coco Madariaga, no llegaron a ver a nuestra organización funcionando a pleno, ¡y en nuestra propia sede!

 

Otros, como la inolvidable Graciela Cabal, alcanzaron a participar en los primeros años cuando se requerían inventiva, talento y sobre todo voluntad de construcción. Hubo amigas y compañeras como Ruth Fernández (quien nos acercó el primer proyecto de Pensión del Escritor). Y los hubo como Elvio Vitali –librero, editor, legislador- que brindaron desinteresado apoyo a nuestros proyectos. También se acercaron, hasta ser íntimos y cotidianos, figuras de la cultura y el pensamiento, del mundo del libro y de la política. A ellos, a esos grandes amigos de la SEA cuyo paso dejó en nosotros una huella imborrable, está dedicado el Cuadro de Honor.

Francisco Madariaga

 

Uno de los más importantes poetas argentinos contemporáneos, nació el 9 de septiembre de 1927 en el paraje Estancia Caimán, provincia de Corrientes. Vivió hasta los quince años en la campaña del centro-norte de la provincia, entre lagunas con arenas de color oro-anaranjado, esteros milenarios, palmares salvajes, y entre los gauchos de la Cuenca del Plata. Después se mudó a Buenos Aires. Se consideraba independiente de sectas, capillas o academias literarias. Algunos de sus poemas han sido publicados en antologías del exterior, traducidos al alemán, sueco, inglés, portugués e italiano.

 

Colaboró desde joven en revistas y diarios de su país y del exterior. Participó activamente en la conformación de una lista opositora en la SADE, en la que figuraba como vicepresidente, y en el movimiento que llevó a la fundación de la SEA, pero no pudo ver coronado su esfuerzo. Murió en Buenos Aires el 24 de septiembre de 2000, a los 73 años. En reconocimiento a su rectitud ética y política, además de su amistad y su jerarquía poética, nuestro auditorio lleva su nombre.

José Luis Mangieri

 

En los obituarios se consignó que había recibido el Premio Konex y también el premio a la trayectoria de la Cámara del Libro, y que era Ciudadano Ilustre de la ciudad de Buenos Aires. Pero lo más importante no lo pusieron. No dijeron que él fue un “vecino ilustre” de Parque Patricios, de Floresta, de Villa Crespo, barrios obreros y populares que recibieron el fermento anarquista y comunista que lo signaría para toda la vida. De esos lugares salieron “escritorzueloscomo el Premio Cervantes Juan Gelman, como Andrés Rivera, Ike Blaisten, Luis Luchi, Marek Halter. Y antes, los Tuñón, los Portogalo, los Marechal, los Roberto Arlt. José Luis mamó la cultura de esos barrios. Y fue poeta militante y comunista militante. Y cuando llegó la ruptura, porque en el mundo habían pasado cosas como la Revolución China, la Revolución Cubana, la Primavera de Praga y el Cordobazo, entonces, con los demás, pegó el portazo y se fue a blindar, todavía más, la rosa de Tuñón, y a continuar con el comunismo (poético) por otros medios.

 

Durante la última dictadura, vivió un exilio interior no menos desgarrado ni doloroso que el de los que habían cruzado el mar. Estuvo más de un año sin salir del fondo de la casa de una tía, por ejemplo, enterándose por los diarios que eran decomisados e incinerados, aquí y allá, los libros de La Rosa Blindada, la querida rosa de Tuñón, la que tanto había cultivado, esa misma que publicó Cólera Buey, Fábulas, Hechos, Relaciones, los mejores libros de Juan Gelman, cuando ningún sello “importante” se hubiera animado a hacerlo. Pasó la tormenta y tal como Noé después del Diluvio, José Luis buscó Tierra Firme en donde poner las nuevas semillas. Allí siguió editando los libros del Gelman exiliado (La Junta Luz, Interrupciones), pero también y, sobre todo, los de las nuevas generaciones de poetas.

 

Más de 300 títulos alcanzó a editar José Luis Mangieri con el sello Libros de Tierra Firme. Y ayudó, estimuló y abrazó a más de 300 poetas y escritores -no sólo argentinos. También con ellos estuvo, sin falta, cuando hubo que salir a la calle. Tiene razón José Luis con lo que dice en su poema: “lo más pior, lo peor de todo, es el olvido. ¿La muerte? Que venga. ¡Ya vino tantas veces! Pero el olvido, el olvido, ése que no pase. Que no pase nunca”. Aquí en la SEA, y en la memoria de todos, te ganaste un lugar, José Luis Mangieri. Para siempre.

Elvio Vitali

 

Nacido en Lanús, provincia de Buenos Aires, residió desde joven en barrios de la zona sur porteña, hasta cuando falleció el 16 de febrero de 2008, a los 54 años. Sus grandes pasiones fueron la política, los libros, el tango y el fútbol. Comenzó su militancia siendo muy joven: en 1973 fue Secretario General del Centro de Estudiantes de la Facultad de Derecho de la UBA. Realizó estudios avanzados de Abogacía en la UBA y de Comunicación Social (Universidad Autónoma Metropolitana de México). Durante el exilio, en México, fue vocal de la Comisión Argentina de Solidaridad, afianzó su amistad con Mauricio Achar, creador de Gandhi México, y concretó sus primeras tareas como distribuidor: Épsilon (fondos editoriales Paidós, Nueva Visión, Anagrama, Tusquets, Península, Lumen, Pre-Textos) y Parábola (fondos editoriales Taurus, Alfaguara, Altea, Random House).

 

Integraba la Corriente Popular Porteña desde la creación de la misma (Grupo Calafate 1 y 2). Se había comprometido con el proyecto político de Néstor Kirchner, de la mano de quien comenzó su etapa en la función pública, primero como Director Nacional de Acción Federal e Industrias Culturales, y luego como Director de la Biblioteca Nacional, en consonancia con su reconocida trayectoria como librero y gestor cultural, fundador de las librerías Gandhi y Losada, y de la editorial Folios, consejero electo de la Cámara del Libro, presidente de la Comisión de Predio de la Fundación El Libro. Encabezó la lista del Frente para la Victoria y era diputado de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con mandato 2005-2009. Presidía la Comisión de Comunicación Social e integró la Sala Juzgadora en el juicio político al ex Jefe de Gobierno Aníbal Ibarra.

 

Entre sus aciertos en gestión pueden contarse la recuperación institucional de la Biblioteca Nacional –aumento histórico del presupuesto 2005 en un 60 por ciento, inusual para un organismo de cultura, inventario de la colección general de libros, aumento sustancial en la generación de recursos propios, así como la idea original del Festival Internacional de Tango de Buenos Aires, el impulso del Instituto Nacional del Libro y de las Revistas Culturales, del Polo Industrial del Libro y del subsidio para escritores porteños, además de la aprobación de una normativa específica para la habilitación de las milongas y la defensa efectiva del canal público Ciudad Abierta.

Ruth Fernández

 

Figura trascendental de la poesía argentina. En ella se destaca un deseo cósmico que aspira unir al hombre con el misterio de la intemporalidad. Sus temas ligados entre ellos por un afán filosofal circulan desde poemas al Indio hasta los ángeles de la Cábala, todos trabajados con una palabra arcana, esotérica o social.

 

Publicó diez libros de poesía, siete de ensayo, uno de cuento, y veinte monografías sobre antropología y literatura en diarios y revistas. Sus años de trabajo en el suplemento literario del diario Clarín, dejaron un cálido recuerdo entre los escritores que en esa época frecuentaban la redacción.

 

Aguda y severa en la crítica, fraternal en su relación con los poetas que la consultaban sobre sus propios trabajos, ejerció naturalmente una docencia sabia y carismática. Orientó y canalizó ideas benefactoras para sus colegas, entre ellas, el primer proyecto para la Pensión del Escritor, que generosamente acercó a la SEA para su presentación en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.

 

Nacida en Córdoba, adoptada por la provincia de Tucumán y residente en Buenos Aires, la sonoridad de su voz poética y su desprendida actitud frente a la vida le mereció el reconocimiento en todo el país y en el exterior.

Guillermo Lombardía

 

Fue uno de los grandes impulsores y amigos de la SEA. Poeta y escritor nato, marcado desde su misma iniciación por el Surrealismo, supo alternar en distintos momentos de su vida la poesía con los estudios de Ciencias Económicas, la poesía con el trabajo en redacciones periodísticas y la poesía con cualquier otra aventura de las muchas que tuvo en su corta vida.

 

En el otoño de la dictadura militar fundó, con el cineasta y docente Carlos Vallina, la revista cultural Talita, en la ciudad de La Plata donde residía. Más tarde, como empleado de un holding periodístico, ingresó a la agencia Noticias Argentinas, donde llegaría a ser jefe, por muchos años, de la sección Política. Vinculado –más allá de su indeclinable simpatía por la izquierda- con el radicalismo, prestó servicios como consultor a distintos líderes y referentes de ese partido.

 

Su obra poética comenzó a publicarse en forma tardía, a través de la editorial Último Reino, fundada por su amigo del alma Víctor Redondo. El primer título fue El juego insensato, con prólogo de su también amigo Oscar Taffetani. Luego llegó Eterna Marea, un poemario aparecido en medio de las luchas para reconquistar y refundar la SADE. Ese libro llevó prólogo de su admirado Francisco Madariaga, enorme poeta que también participó de la lucha en la SADE y que fue un gran impulsor de la SEA.

 

Un extraño destino –semejante al de aquel poeta de 15 años llamado Arthur Rimbaud- jugó sus cartas en los últimos años de Lombardía. Alejado de la política y de sus medios “naturales” (la Avellaneda natal, las amistades platenses y porteñas, las redacciones, las cámaras legislativas), su salud sufrió un deterioro acelerado que lo trajo desde Brasil en 2003 –lo que permitió que se sumara a los momentos fundantes de la SEA- y, a la vez, lo recluyó en una casa de Villa Elisa, desde donde alumbraría sus últimos poemas (algunos publicados en la plaquette Marylin y en blogs de Internet) y donde comenzó a despedirse, lentamente, de todo.

 

Guillermo era un escritor de esos vapuleados y controvertidos ’70. Dejó una obra breve y fulgurante. Pero dejó, sobre todo, un indoblegable espíritu, un espíritu que sobrevuela la SEA y los corazones de aquellos que lo conocimos.

Graciela Cabal

 

Nacida en 1939 en Barracas, Ciudad de Buenos Aires, Cabal se graduó en Letras en la UBA, ejerció como docente y periodista; además se desenvolvió en el trabajo editorial. Sus historias para niños fueron muy leídas y disfrutadas, convirtiéndola en una de las más destacadas escritoras argentinas de literatura infantil. Entre otros textos de ese rubro escribió Jacinto, Tomasito, Tomasito y las palabras, Las Rositas, La señora Planchita, Un cuento de hadas y no tanto, Historieta de amor y de risa, Las hadas brillan en la oscuridad, Vidas de cuento, El hipo, Toby, Papanuel, muchos de los cuales han recibido premios nacionales e internacionales.

 

De sus libros para adultos deben destacarse La emoción más antigua, Secretos de familia (ganador del Primer Premio Ricardo Rojas en narrativa, otorgado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires), Mujer de vida alegre y Mujercitas ¿eran las de antes? Escribió además una obra de teatro: De mantones y cuplés.

 

Graciela Cabal fue presidenta de la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina (Alija) entre 1993 y 1995. También fue cofundadora y codirectora de la revista La Mancha, colaborando en distintos periódicos y revistas especializadas en literatura y educación. Como conferencista y narradora asistió a encuentros y congresos internacionales en España, Chile, Colombia y Cuba. En octubre de 2003 fue nominada por Alija para al Premio Internacional de Literatura Infantil en Memoria de Astrid Lindgren, en su edición 2004.

 

Cofundadora y primera Vicepresidenta de la SEA, desde 2001 hasta su fallecimiento en 2004, ha dejado en nuestra institución una huella y un recuerdo perdurables. Nuestra Biblioteca de Autores Argentinos, en la sede central, lleva su nombre.