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El mundo oculto de la infancia de En tierras bajas...

El mundo oculto de la infancia de En tierras bajas de Herta Müller

Palabras preliminares. 

El propósito de esta nota es destacar el mundo oculto de la infancia en el libro de relatos de Herta Müller, En tierras bajas. (1984, 1° edición). Para ello, primero situaré a la autora en un contexto socio cultural y luego haré una breve referencia al concepto de infancia.

Herta Müller (1953), descendiente de suabos emigrados a Rumania y que vive desde 1987 en Berlín, ha sido galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 2009.Su atrapante prosa escrita en lengua alemana, su lengua materna, la materia de obra literaria está ligada a la memoria, como lo podemos observar en El hombre es un gran faisán en el mundo y En tierras bajas. Nos describe la ancestral rigidez teutónica con una prosa alucinada y con escenas plagadas de odio y encono. En El hombre es un faisán en el mundo, Müller traza la historia de la disolución de un pueblo germánico en Rumania, encerrado en su fatalismo y herido por los estragos de la guerra.

Müller integró el grupo de acción Banat, escritores de lengua alemana reprimidos y censurados por el régimen dictatorial de Nicolae Ceausescu, líder del Partido Comunista Rumano y presidente de Rumania desde 1974 hasta 1989, en que fue derrocado por genocidio. Después de la derrota del nazismo y bajo el régimen de Ceaucescu, la vida de los maltratados campesinos del Banato rumano, esas tierras llanas de inviernos gélidos y calurosos veranos, cuya región está situada entre Serbia y Hungría, constituyen el escenario protagónico de muchas de sus obras.

Müller compone oscuras miniaturas, estampas constituidas por supersticiones, costumbres, canciones, refranes de la vida rural suaba. Nos hace recordar las pinturas de Marc Chagall en sus folklóricas escenas de las aldeas judías de Bielorrusia.

 

Acerca de la infancia

Así como en el arte se han vislumbrado las partes más ocultas e irracionales de la vida psíquica, la indagación en la infancia nos permite sondear por distintos vericuetos secretos del alma.

Es importante destacar que el concepto de infancia es una construcción histórica de la Modernidad, como lo señalara Philippe Aries en su ensayo  L´ enfant et la vie familiale sous l´ Áncien Régime, 1960, Seuil. Las transformaciones de la vida familiar han ido evolucionando desde la Antigüedad greco-latina, los diez siglos de la sociedad medieval junto a la idea de matrimonio y las legislaciones del Derecho Romano y los preceptos de la doctrina católica. A partir del siglo XVII se pueden entrever algunos cambios, por ejemplo, con el surgimiento de ternura hacia la niñez.

Será Rousseau con el Emille (1762) el ejemplo más representativo del descubrimiento de la infancia, destacando la diferencia entre el mundo de los adultos y el de los niños, no sólo por el atuendo sino por su vulnerabilidad y la necesidad de protección para favorecer su crecimiento y educación.  Charles Dickens en Oliver Twist (1838), David Copperfield (1849) nos ha mostrado con eximia maestría la capacidad infantil, su mundo afectivo y el criterio de realidad que mantienen los niños en situaciones difíciles y frente a temas tabúes como la pobreza y la muerte. Temas maravillosamente narrados en los cuentos de Hans Christian Andersen, “La sirenita”, “La vendedora de fósforos”.

El niño por naturaleza es observador, curioso, siente sorpresa por lo nuevo, indaga en forma constante, busca descubrir aquello que lo inquieta, comienza a preguntar a quienes lo rodean para encontrar respuestas a sus interrogantes. Cuando no puede sostener un vínculo afectivo con el adulto, se retrae y satisface sus deseos a través del juego. Ese juego que le impone desafíos para desentrañar la salida, ya sea a sus dudas, como a sus  temores.

Sobre En tierras bajas

La apertura del libro se realiza a través de la narración descriptiva de un entierro desde la mirada de una niña que asume una actitud de reproche hacia su padre.

“La oración fúnebre.”

“En la estación, los parientes avanzaban junto al tren humeante […] Una mujer joven salía de la estación con un niño de aspecto inexpresivo. La mujer tenía una joroba. El tren iba a la guerra. Apagué el televisor”. (11)

La protagonista de En tierras bajas es una niña inmersa en una sociedad oprimida, que habita en una aldea rural con costumbres ancestrales, dominada por el autoritarismo paterno y que resuelve algunas situaciones entregándose al juego, ese juego revelador que le permite el niño fantasear al mismo tiempo que va construyendo la realidad y amenguando sus angustias.

Esta niña no se somete dócilmente, sabe discriminar ante los principios éticos, no soporta la mentira, el maltrato masculino del padre, la vida miserable de la abuela, el deterioro de la vejez, la enfermedad y la muerte.

Lo oculto se encubre en el lenguaje traslaticio, de desviaciones del orden cotidiano a través de esa “palabra en penumbra”, al decir de Santiago Kovadloff.

“El asco se me subía por los zapatos y me anudaba sus lazos en la garganta, y sus manos eran descarnadas y frías como las manos de esos ancianos que yo había visto en unas camas con tapas ante las que la gente rezaba en silencio. […] De esas camas la abuela dijo un día que eran ataúdes, y de los que yacían dentro, que eran muertos. Y al decirlo pensó que yo no entendería la palabra. Y yo la entendí sin haberla oído nunca antes. La llevé conmigo varios días, y en cada trozo de pollo cocido en la sopa veía un cadáver, y la abuela no volvió a llevarme a ver muertos.

Pero cuando se oía música en el pueblo los días laborables por la tarde, yo sabía que había vuelto a morir alguien.” (36)

La escritura naturalista y metafórica se va delineando en expresivos y asombrosos sucesos fragmentarios de matiz poético. El relato que mejor retrata los elementos primitivos del mundo cerrado del Banato es el que da título al libro. La oposición de Müller a la dictadura y la persecución de la Securitate (policía secreta rumana durante la época de la Rumania comunista) la obliga a huir de Rumania. Lo hiperbreve de los quince relatos y el tono costumbrista encierran ciertas claves irónicas y de denuncia.

“Mamá tiene ya una mazorca en la mano. De un golpe le hunde el cráneo. Un breve chillido y un hilito de sangre que mana por el hocico. El gato se acerca y pone al ratón muerto boca arriba y boca abajo, hasta que deja de moverse”;

“mi padre ha vomitado el hígado, que apesta a tierra podrida en el cubo”;

Esta región del Banato es como una tierra baldía, una tierra de nadie, desde la perspectiva de una niña cuya madre la maltrata, la abuela la amenaza, un abuelo que la sumerge en una realidad escatológica, un padre borracho. Ante esas situaciones la niña se sumerge en el juego dramático con elementos de la naturaleza, va descubriendo su sexualidad y la del otro en compañía de su primo.

La autora utiliza la descripción como recurso narrativo, desde un punto de vista distante, lleno de asperezas y la ausencia de la nostalgia por el pasado. El ritmo de corte realista no deja lugar a la esperanza. La obra en sí misma parece un gran poema, cuya densidad semántica se entreteje a las minuciosas descripciones de flores, plantas, animales. Esta inmersión poética en el mundo de la infancia adquiere un supremo plano cuando la niña va descubriendo la intensidad del sentido de la muerte. Se enfatiza la  visión analítica de la niña cuando se refiere al carácter agrio de sus padres.

“Cuando mamá va a sacar dinero, no levanta las persianas de las ventanas. Enciende la luz en pleno día y el candelabro de cinco brazos alumbra desde una sola bombilla opaca. Sus otros cuatro brazos son ciegos”. (30)

La prosa poética se luce en los cuadros pintorescos sobre los conejos, las ranas, las flores y hasta en los excrementos de la abuela estreñida.

«Mi abuelo sabe a veces que no sabe lo que sabe. Y entonces se pasea solo por la casa y por el patio hablando a solas», (55) una imagen algo más que poética; y un poco más adelante: «Miré luego el agujero y vi la caca, en la que se agitaban unos gusanillos blancos. Vi unas bolitas de caca negras y supe que la abuela estaba otra vez estreñida, y vi la caca amarillo claro de mi padre y la caca rojiza de mi madre»(59).

La descripción de la naturaleza se realza en primer plano, adquiere categoría protagónica en tanto alude a espacios propios, como los campos de nabos y de remolachas, siendo la alimentación principal de los campesinos en las penurias y la devastación de la guerra.

El cuidado de la vaca, del cerdo, los terneros a cargo del abuelo y del padre mientras la niña  contempla el color liláceo de la bella malvarrosa. Tal vez entre estas actividades, se pueda delinear la oposición del mundo de los niños y el mundo de los adultos. El adulto que sucumbe ante la rutina, las tareas automatizadas, propias del trabajo y la actitud de disfrute, goce y placer en la postura de la visión infantil que recrea en sus juegos todo lo que tiene a su alcance.

Cristina Pizarro

PH Herta Muller


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