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San Martín María Elena

San Martín María Elena

María Elena San Martín (“Marilén”), escritora desaparecida durante un operativo policial-militar en Panamericana y General Paz el 1° de julio de 1977.

«“Hoy, un día frío como otros, cumplo 19 años. Eso más o menos significa que hoy es un día como todos excepto por el saludo y el beso de Lidia esta mañana, el llamado telefónico de Marcela que trabaja en utilaje, el abrazo de Claudio que no se ha producido porque a las seis de la mañana era un ser demasiado dormido como para recordar mi cumpleaños. Nadie espera que en un día como este las veredas estén más blancas o los árboles de abril no pierdan sus hojas. Sin embargo 19 años es una linda edad, no sé linda para qué pero de todos modos linda”, escribiste el 14 de abril de 1977, poco antes de desaparecer.

»No puedo relatar tu biografía, solo hallar trazos de tu presencia en mi memoria. Teníamos todo por hacer creyendo que algo mejor sería posible y eso nos involucraba. Sin embargo, siempre de algún modo excluidas, castigadas, aun así apostando al amor.

»Puedo invocar nuestros días en tu casa Liucó del Delta, una isla cruzando el Paraná de las Palmas, ese río ancho, turbulento.

»Hubo cruces peligrosos, marejadas con tormentas pero siempre llegábamos. Nunca pensamos que lo mejor quedaba lejos, ni que estuviéramos tan cerca de separarnos pronto, cuando la vida se transformó en persecución, búsqueda y otras formas de exilio.

»Te extraño desde ese mes de julio del 77.

»Solo puedo agregar, treinta años después de tus 19 (linda edad), mi emoción por dar presencia a tu palabra.» 
[Testimonio de su amiga Elizabeth Pirker]

[Sin título]

Los que los domingos visitan Palermo o Plaza Francia, exactamente iguales y diversos, con parecidos cansancios, compañeros del sol repartido entre tantos veraneantes ciudadanos. Los que vuelven.

Tragarse el sol y regresar. Calzarse la piel del domingo
como zapatos incómodos y nuevos. Dormir un poco más:
la semana se extenderá como un fantasma duro, la sirena implacable suena
todos los días a las siete y empezamos. Entonces contarse un desayuno inédito, mentirse los dolores del invierno y la semana, pulir las cicatrices,
salir a atropellar
el aire del otoño en día libre.

En los parques los hombres y mujeres habitualmente abrazados y en ropas de domingo (que debe parecerse a la de lunes a viernes secretaria del jefe teléfono sorpresa;
o no debe parecerse albañil andamio vértigo). El sol es un océano dorado
que se alquila dos veces por semana. La tristeza
como una mujer de blanco y sin mejillas cabalgará los parques
cuando la noche llegue a sembrar epitafios que no serán leídos.
Tragarse el sol y regresar.
El pasto es una tumba mayúscula para pequeñas muertes
que no se publicarán en ningún diario. Tomar el colectivo vagamente invadido de olor a globo y barrilete arrugado.
Volver a encontrarnos el rostro en el espejo, contarnos las historias del olvido
y saber
que son historias.
Repetir el gesto de la última hora.
La camisa planchada se hastía en una silla, la cena es un silencio azul
extendido a lo largo de la mesa
como un muerto que nunca volverá a moverse. Verificar el orden de los ritos
o simplemente cumplirlos.
Es tarde, hace mucho que es tarde y el sueño barrerá la última mentira

María Elena, 6 de abril de 1977


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