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Se fue cayendo de a poco…

Se fue cayendo de a poco…

No hubo misterio, fue atravesado por un proyectil limpio en la columna vertebral.
Un 6 de junio, al llegar a su casa, no pudo pasar la puerta de entrada. Los que estaban en el interior oyeron el disparo pero no le dieron importancia.
No se dieron cuenta de que el herido de muerte era el “Teniente”;  aunque la edad lo superaba y casi un viejo bichoco, solía ser conocido por esa graduación de otros tiempos.
Ahora el Pecoso está en otro país. Cruzó sin problemas todos los controles y con el pasaporte euro en la mano, es un turista más o joven estudiante en pos de otra residencia.
El Pecoso lo venía siguiendo, el Teniente recién  se dio cuenta cuando el otro lo llamó y al querer escapar sintió ese pinchazo caliente en la espalda y ya era tarde.
La historia se la contaron al pecoso, al principio no tenía a quién indagar, de a poco fue juntando retazos  y con paciencia pudo armar toda la verdad.
El que recibió el disparo en la espalda se creía impune.
El que disparó no era un pistolero profesional.
Hasta el instante que se doblaba de dolor por la herida, el tenienteviejo no lo podía creer.
Uno a uno fue juntando los indicios el Pecoso y pudo armar el rompe cabeza.
Una a una el tenienteviejo fue borrando todas las huellas de su pasado.
El Pecoso no se cansó de preguntar y averiguar por su cuenta. Todos los demás estaban presos o se fueron muriendo, pero el viejo no; todas  esas precauciones le aseguraron un buen pasar.
El otro indagó,  visitó muchos lugares, hasta llegó a esa casa y el intento  dio resultado.
Pasó el tiempo y se llegó a convencer de que las cosas siempre fueron así y él nunca había hecho nada.
Llegó el día y el momento que tanto buscó el Pecoso.
Eran  otros tiempos  y al viejo lo mandaban los de arriba y cumplía órdenes.
Llegó el instante de llamarlo por su nombre de guerra, de ver el asombro pintado en la cara del viejo y cuando éste se dio vuelta  para abrir la puerta y ponerse a salvo o creer que se pondría a salvo, fue cuando escuchó que le decían.
-¡Así mataste a mi abuelo, hijo de puta!-
Y después nada, se fue cayendo de a poco.

Roberto Romeo Di Vita


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